Juan Cantavella, El Correo Español, 16/11/1990
MADRID. Colpisa. El novelista argentino Abel Posse estuvo en España justamente hace un año y pudo mostrarnos el ejemplar de su última novela, que acaba de sacar a la calle la editorial Plaza Janés. Doce meses después El viajero de Agartha ha dejado paso a La reina del Plata y el realismo se pliega ante la fantasía de un relato que trae ecos del pasado, que es anticipación y también anhelo de que el mundo camine en una determinada dirección. ‘
Doce años le costó redactar La reina del Plata al novelista Abel Posse y el original a medio escribir le acompañó en los diferentes destinos que su condición de diplomático le impuso. Al final lo concluyó en Buenos Aires y lo presenta en Madrid cuando hace escasos días que entregó sus cartas credenciales como embajador de Argentina, al presidente Checoslovaco Havel, también escritor. Como la ciencia política es su gran afición está muy contento por seguir desde dentro la evolución del cambio que se está operando en Checoslovaquia.
Algunas de sus novelas están relacionadas entre sí, como Los perros del paraíso, que es continuación de Daimón; la que sale ahora, es la segunda parte de alguna otra?
Es verdad que me gusta a veces prolongar la acción en otro relato, pero en este caso no ha sido así. ‘La reina del Plata’ es una rara avis de mí universo literario, en donde, he querido crear una síntesis de la ciudad de Buenos Aires y al mismo tiempo de todas las ciudades en la época actual. La presento fragmentada y tratada en múltiples planos, como un vasto mosaico de distintas posibilidades humanas. Y además ensayo la fantapolítica; ya que describo un futuro de armonía mundial. ‘
¿Las ciudades de nuestro tiempo tienen un espíritu común que se deja aprehender?
Pues, sí. En todas veo la actuación. de dos grupos, los internos, que son los que crean el ‘establishment’, y los externos, que aportan la innovación. Los dos grupos son creativos: sin los externos careceríamos de la sal para efectuar los cambios; sin los internos, que son la abejas laboriosas, no existiría una continuidad. Ambos se necesitan, se desprecian y se envidian.
Los creadores persiguen el cambio
¿En cuál de los dos grupos se sitúa usted?
Yo soy externo, como todos los artistas: el mundo de los creadores es el que intenta cambiar lo establecido y por eso tienen que llegar de fuera.
Usted define su novela como “fantapolítica’, ¿se trata de una mera fantasía?
Fukiyama ha dicho que nos encontramos en el final de la historia y por eso yo sitúo la acción cuando. Se produce la armonización de los opuestos, con ingredientes de una idea social de solidaridad. Todo arte crea universos paralelos, para inventar mundos como nos gustaría que fuesen. En el arte siempre hay un elemento provocador, modélico: ya que el mundo no es como debería ser, vamos a presentarlo de esta manera.
Ese optimismo suyo, ¿lo traslada también a la esfera política de su país? Recuerdo que el año pasado, estaba muy esperanzado por la marcha de la vida argentina.
Mantengo el optimismo y creo que se demostró que yo tenía razón en lo que le decía el año pasado. Menem se ha mostrado muy distinto del peronista salvaje que se pensaba. Ya se está comprobando que hay un arranque económico y un viraje en muchos terrenos. Lo malo es que nos encontramos en una patética situación de recesión económica todavía, menos en el campo, que es lo que sostiene a la economía argentina.
Popularidad de Menem
¿Este juicio es compartido por sus compatriotas?
Menem tiene una gran popularidad, pese a que sus medidas de ajuste han sido muy duras, pero era la única manera de hacer frente a la hiperinflación que nos dejaron los radicales.
En ese estado de cosas, ¿gana o pierde la literatura?
Pierde, desde luego. No quiero hablar del papel que la economía representa para la supervivencia del escritor, pero es que influye poderosamente también en el acceso de la gente a la cultura. He comprobado que hay interés por ella, pero no tienen dinero para comprar librós, como no lo hay para investigar y por eso muchos cerebros están saliendo. En Argentina se produce buena literatura y sigue siendo un país muy vivo e interesante. Las salas de conferencias se llenan y a las ferias de libros acude un auténtico aluvión de personas que se queda mirando y tocando los libros, pero que no pueden comprarlos, en una actitud de auténtica adoración.
Motor cultural de Europa
Hace veinte o veinticinco años que nos visita al menos una vez al año, lo que le permite tener una visión de la cultura española desde la distancia. ¿Qué impresión le ofrece?
Para mí España ha sido el gran motor cultural de Europa y la continúo viendo de esta manera. Observo una notable voluntad editorial de promover a los buenos escritores españoles, aunque a veces vaya en detrimento de los latinoamericanos (no es mi caso, afortunadamente quizá sólo sea por mi antigüedad). De todas maneras, a veces, me pregunto si por parte de los políticos y de los poderes económicos no se está propiciando la cultura para dejarla retirada en un ‘ghetto’ con paredes de oro, con afán de crear una subcultura de consumo, de artificio, que no responda al sentido profundo de la cultura española.
Su pregunta es plenamente retórica, más bien se trata de una afirmación encubierta, ¿no es así?
Tengo dudas razonables de que se estén haciendo las cosas bien.
Y Abel Posee traduce estas ideas genéricas sobre la cultura a unas cuestiones prácticas: por ejemplo, el hecho da que al llegar a Madrid uno no se encuentra las mismas actitudes, hospitalarias y cordiales, que eran propias de sus habitantes: «Eso lo comprueba el viajero a la primera. De verdad que hay un cambio a peor». iLástima!

